Y por qué multiplicar por 3 no funciona
Durante mucho tiempo calculé mis precios como casi todo el mundo: sumaba lo que me costaban los ingredientes y lo multiplicaba por 3. Parecía lógico, era rápido y todo el mundo lo hacía.
El problema es que no es la forma real de ponerle precio a un pastel.
Lo que el ×3 deja por fuera
Cuando multiplicás solo los ingredientes, se te olvida todo lo demás:
Tu tiempo. Hornear, decorar, empacar, lavar, responder mensajes… Un queque sencillo y uno que te toma cinco horas terminan costando casi lo mismo.
El empaque. Cajas, bases, stickers, cintas.
El gas, la luz y el agua. No se ven, pero se pagan.
La merma. Lo que se quema, lo que se prueba, lo que sobra.
El resultado: trabajás un montón y, cuando hacés cuentas, la ganancia no aparece.
Lo que hago ahora
Hoy soy muy precisa. Así lo hago:
Anoto cada compra. Cuánto pagué y en qué presentación, para saber exactamente cuánto me cuesta cada gramo de harina o cada huevo.
Calculo el costo de cada receta con esos números reales, no con aproximaciones.
Sumo todo lo demás: empaque, mi tiempo, gastos y merma.
Le pongo la ganancia encima. Una ganancia de verdad, aparte de lo que me pago por mi tiempo.
Uso inteligencia artificial para organizar y revisar mis costos, y un sistema de punto de venta para llevar el control de lo que vendo.
La diferencia en números
Hice la prueba con un queque de ejemplo:
Con el método ×3: unos ₡16.600
Calculando todo: unos ₡25.500
Casi ₡9.000 de diferencia en un solo queque. Multiplicalo por todos los pedidos del mes.
Tu turno
Para que no tengás que empezar de cero, armé una calculadora de precios. Anotás tus ingredientes, tu receta, tu empaque y tus horas, y te da el costo real y el precio sugerido.
Cobrar bien no es ser cara. Es poder seguir haciendo lo que te gusta sin perder plata en el camino.
— Ili
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